Hechos 2
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El Espíritu Santo en Pentecostés
(Génesis 11:1–9; Levítico 23:15–22)

1Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en un mismo lugar. 2De repente, vino del cielo un ruido como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados. 3Vieron aparecer lenguas como de fuego que se repartían y se posaban sobre cada uno de ellos. 4Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse.

5Ahora bien, residían en Jerusalén judíos piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. 6Cuando se oyó este ruido, la multitud se congregó y quedó confundida, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma.

7Asombrados y maravillados, decían: «¿No son galileos todos estos que están hablando? 8¿Cómo, pues, cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua materna? 9Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, Judea y Capadocia, Ponto y Asia, 10Frigia y Panfilia, Egipto y las regiones de Libia cercanas a Cirene; visitantes de Roma, 11tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, ¡les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios!»

12Asombrados y perplejos, se preguntaban unos a otros: «¿Qué significa esto?»

13Pero otros se burlaban diciendo: «¡Están llenos de vino dulce!»

Pedro se dirige a la multitud
(Salmo 16:1–11; Joel 2:28–32)

14Entonces Pedro, poniéndose de pie con los Once, alzó la voz y les dirigió la palabra: «Varones de Judea y todos los que habitan en Jerusalén, sépanlo bien, y presten atención a mis palabras. 15Estos no están ebrios, como ustedes suponen, pues apenas es la tercera hora del día. 16No, esto es lo que fue dicho por el profeta Joel:

17‘En los últimos días, dice Dios,

derramaré de mi Espíritu sobre toda carne.

Vuestros hijos e hijas profetizarán,

vuestros jóvenes verán visiones,

y vuestros ancianos soñarán sueños.

18Y sobre mis siervos y sobre mis siervas,

en aquellos días derramaré de mi Espíritu,

y profetizarán.

19Mostraré prodigios arriba en el cielo,

y señales abajo en la tierra,

sangre, fuego y columnas de humo.

20El sol se convertirá en oscuridad,

y la luna en sangre,

antes de que venga el día del Señor, grande y glorioso.

21Y todo aquel que invoque el nombre del Señor

será salvo.’

22Varones de Israel, escuchen estas palabras: Jesús de Nazaret, un hombre acreditado por Dios ante ustedes con milagros, prodigios y señales que Dios hizo entre ustedes por medio de él, como ustedes mismos saben, 23este, entregado por el plan determinado y el previo conocimiento de Dios, ustedes lo mataron, clavándolo en la cruz por manos de inicuos. 24A este, Dios lo resucitó, liberándolo de los dolores de la muerte, ya que no era posible que fuera retenido por ella.

25Porque David dice de él:

‘Veía al Señor siempre delante de mí;

porque está a mi diestra, no seré conmovido.

26Por lo tanto, se alegró mi corazón y se gozó mi lengua;

además, mi carne también reposará en esperanza;

27porque no dejarás mi alma en el Hades,

ni permitirás que tu Santo vea corrupción.

28Me has dado a conocer los caminos de la vida;

me llenarás de gozo con tu presencia.’

29Hermanos, permítanme decirles con franqueza que el patriarca David murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. 30Pero siendo profeta, y sabiendo que Dios le había jurado con un juramento que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono, 31viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción. 32A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.

33Exaltado, pues, a la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que ustedes ahora ven y oyen. 34Porque David no subió a los cielos, pero él mismo dice:

‘Dijo el Señor a mi Señor:

Siéntate a mi diestra,

35hasta que ponga a tus enemigos

por estrado de tus pies.’

36Sepa, pues, ciertamente toda la casa de Israel que a este Jesús, a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Cristo.»

Tres mil personas creen

37Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los demás apóstoles: «Hermanos, ¿qué haremos?»

38Pedro les dijo: «Arrepiéntanse, y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados; y recibirán el don del Espíritu Santo. 39Porque para ustedes es la promesa, para sus hijos y para todos los que están lejos, para cuantos el Señor nuestro Dios llame.»

40Con muchas otras palabras testificaba y les exhortaba diciendo: «Sálvense de esta generación perversa.» 41Los que recibieron su palabra fueron bautizados, y se añadieron aquel día como tres mil personas.

La comunidad de creyentes
(Hechos 4:32–37)

42Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en la fracción del pan y en las oraciones. 43Sobrevino temor a toda alma, y muchos prodigios y señales eran hechos por los apóstoles.

44Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; 45y vendían sus posesiones y sus bienes, y los repartían a todos según la necesidad de cada uno.

46Y día tras día, continuando unánimes en el templo, partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, 47alabando a Dios y hallando favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.


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